lunes, 20 de septiembre de 2010

1. Pequeña casualidad


Tengo ganas de verte… 
y no me basta con soñar contigo.




















Pequeña casualidad.

Aquella mañana pude sentir el frío en mi piel. Así es, el invierno había llegado, y con él las frías tardes dedicadas a pensar. ¿Será esta la época de resolver las abundantes dudas que rondan por mi cabeza? Quizás estos pensamientos continuarán mucho más tiempo, incluso lleguen a formar parte de mi rutina. ¿He dicho alguna vez que odio la rutina? Pues es cierto, la odio. No puedo comprender esa estúpida pérdida de tiempo. Habiendo tantísimas cosas por hacer en la vida, no quiero caer en la repetición, salvo que esta sea estar contigo. En efecto, todo hoy me recuerda a aquel día. Incluso puedo describirte el momento con claridad:
Yo paseaba como de costumbre por el parque que se encuentra frente a mi casa. Entonces lo vi. A pocos metros de mí se encontraba Alfred, la persona más maravillosa que pueda existir, bajo mi punto de vista. Llevo colada por él desde los ocho años y lo peor de todo es que Alfred no sabe nada. No hay día en el que no se me pase por la cabeza la idea de estar juntos algún día. Pero sé que si no me atrevo a decírselo, nunca sucederá.
 Se acercaba lentamente hacia mí y pude notar cómo el corazón me latía cada vez más fuerte. No podía evitar ponerme nerviosa cada vez que lo veía. Una ráfaga de aire golpeó mi cara y supe que debía reaccionar. Tal vez lo mejor era acercarme rápidamente a saludarle pero, conociéndome eso era imposible. Ya no quedaba tiempo para pensar, se encontraba a pocos centímetros de mí y, entonces ocurrió, me saludó con una sonrisa y me preguntó que tal el día.
-Los ha habido mejores, la verdad,- dije.- pero se hace lo que se puede.
No podía mentirle, el día no había ido bien. Mis padres habían vuelto a discutir y se me había estropeado el teléfono móvil. Olvidaba decir que paso horas al día hablando por él con mi mejor amigo, John. Y para colmo, iba a estar una semana en casa de mis abuelos sin poder comunicarme con nadie más que ellos.
-Vaya…ojalá te vaya mejor la tarde. Lo siento tengo un poco de prisa, Alice me espera. Ya hablaremos más detenidamente en otra ocasión ya que, como sabrás, me he mudado al piso de al lado tuya. Adiós.- Dijo Alfred y seguidamente se marchó.
¿Había escuchado bien? Era la mejor noticia del día. Alfred iba a ser mi vecino. ¿Por fin llegaría el esperado día? Después de pasar aquella extraña semana con mis abuelos podría disfrutar de su presencia por mi barrio cada día, todo iba a ser perfecto. Aunque olvidaba un pequeño detalle, Alice es su novia.

+ Flickr:  http://www.flickr.com/photos/secretosencerrados/
+ Acabo de empezar, espero que os guste y me sigais. Saludos. (:

No hay comentarios:

Publicar un comentario